Daemon

Mi proyecto para la 12 Bienal de la Habana en el Museo Orgánico Romerillo fue el proyecto fotográfico: “Daemon” el cual quería hacer visible, revelar y mostrar el ser desconocido e interno de las personas. Mostrar al exterior a través de desnudos los pensamientos y sentimientos más íntimos y ocultos del ser humano. Desnudando a los participantes se logra eliminar todas aquellas percepciones que emiten y transmiten a su mundo exterior y a las personas que los rodean, al igual que eliminar los estereotipos sociales que proporcionan las vestimentas. Con la utilización de un par de cuernos de vaca, único objeto con el cual los participantes podían expresarse o defenderse en la sesión fotográfica, se logra comunicar lo que esta oculto, escondido dentro de ellos; revelando así el acertijo interior que cada uno lleva por dentro.

La primera dificultad con la que me topé fue el hecho de que el desnudo está prohibido por ley en Cuba, lo cual dificultó e imposibilitó el desarrollo del proyecto. Al consultar con los personas que viven en Romerillo me recomendaban buscar “modelos” en el malecón de la Habana, es decir, pagarle a las prostitutas para que participaran en el proyecto. Me sorprendió enormemente este consejo, ya que la prostitución, en teoría, está penada por la ley cubana con cárcel. Pero con cada día que pasaba parecía ser la única forma de conseguir que alguien se desnudara ante la cámara. En el desarrollo de este proyecto, que he llevado a cabo en Hungría, España, Alemania, Venezuela y Colombia jamás había tenido que pagarle a los participantes, ya que la idea básica es desarrollar la sesión documentalista con personas que no son modelos profesionales, que no se convierta en una pose, sino que se revele ese yo oculto, ese secreto bien resguardado y que llega a florecer a través de una sesión fotográfica intima y muy personal.

Comencé a fotografiar a personas medio desnudas, de la cintura para arriba, solamente los hombres comenzaron a participar, ya que hasta el medio desnudo era un tema tabú para las mujeres. Le debo agradecer en este momento a Roger y Marcos Alba, dos artistas de la isla que fueron los primeros en participar y darle la confianza a otros de que lo hicieran también. Al tercer día de las sesiones aún no lograba la desnudez completa con ninguna de las personas que participaban. Debido a que el tiempo se agotaba y por el hecho de que los negativos aún tenía que revelarlos en un cuarto oscuro improvisado e intervenirlos análogamente, tomé la decisión de ponerme a mi mismo desnudo frente a la cámara, dejar al descubierto y darle luz al negativo interior y oculto que llevaba por dentro. Fue una experiencia nueva e interesante estar del otro lado de la cámara. De esta forma logré tener al menos una imagen de cuerpo completo para desarrollar la obra.

El último día de sesiones se me acercaron dos jóvenes muchachas de Romerillo a las cuales les interesaba participar en el proyecto. Estaban aterradas de que pudiesen ser reconocidas, así que llegamos a un acuerdo en el cual los rostros de las dos no se pudieran ver ni reconocer. La razón de esto es que si las reconocían las personas del barrio las encasillarían en un estereotipo de mujeres fáciles. Les agradezco la valentía y la confianza que depositaron en mí, debido a esto no las puedo mencionar con nombre y apellido como debería ser.

La desnudez es una expresión de libertad absoluta.

A través del proyecto y de la información recibida cambió mi forma de ver las realidades de la isla, la doble moral y el doble discurso que existen no solo a nivel político-legal sino también como repercuten estos sobre la sociedad y los ciudadanos. La calidad humana que experimenté al igual que el apoyo de muchos artistas cubanos fue invaluable y sin ella el proyecto no se hubiese podido terminar. Un especial agradecimiento a Ernesto Rancaño que me ayudó tanto a nivel técnico en conseguir equipos y luces como a nivel humano con sus consejos y entendimiento de lo que se vive en la isla.