APOGRAPHON

“APOGRAPHON, O LAS BESTIAS DEL HERRERO”

Sergio Márquez / Caracas, Enero de 2016.

Un gabinete de taxidermia metalúrgica; una perpleja casa-útero de satélites y espejos; el ripio fantasmagórico de un estanque abisal y sus reflejos. Es allí, en esas luminiscentes recamaras intersticiales, donde los animales metálicos de KuZo anidan su psique de azogue; en esa brillante franja liminar que les permite transmigrar entre la sonoramente muda esfera de lo mecánico y otra espectral, inherente al relámpago de su propio centelleo. Es rigurosamente en ese “demi-monde” especular donde existen los animales metálicos de KuZo: flotantes y acerados, proyectando su reverberación sutil en quienes los observamos, para evitar así morir emulsionados en su propio lucimiento. Es esta una fauna mercurial, etérea e inasible, portadora del vértigo en sus vísceras, organismos que son ahora superficie, luego tuétano cromado y al segundo otra vez brillante superficie. Entidades donde materia y vacío son la misma cosa seráfica, y solo difieren en su grado superlativo de aceleración molecular; esto las sitúa en el reino de lo hermético y les otorga atributos talismánicos atinentes al viaje interior, a la conductividad electromagnética y a la geometría inter-dimensional de la visión. Mantarayas, Puercoespines, Mariposas. Cada una de estas leves bestias eriza y ondula acompasadamente y a la vez sin compasión; son oráculos que mienten en cada reflejo, polytropos sin espacio-tiempo, espíritu y forma manifestados en el movimiento ondulatorio de sus limaduras. Los organismos de KuZo son susceptibles de ser tañidos de manera incorpórea (por medio de los tentáculos del deseo), generando resonancias pulidas solo audibles durante el sueño, o sórdidos aullidos de esmeril, consustanciales con la naturaleza primordial de la angustia. Superconductores de la “chispa fría”, son igualmente útiles en los ritos adivinatorios infra-diafragmáticos de la nigromancia eléctrica. Animales brillantes que son glifos semióticos, dotados de un fisio-morfismo galvanizado en forjas subacuáticas; cada escultura funge en los trabajos de la crisopeya arcana como atanor individual de la transmutación, dejando intuir en su dermis la circulación de aceites de vidrio, y del “agua seca que no moja las manos”, preñada de esquirlas de acero y antimonio. Coagulan, a partir de su cuerpo niquelado, hipérbolas en revolución (sus asíntotas magnéticas en claro desacato), fraguando arcos parabólicos desde la infinita excentricidad de sus focos. Los animales de KuZo son la irisada dentadura de un Dios mineral, poderosamente nuevo y ominosamente antiguo, que despedaza en cada destello el cuerpo inerme de lo sólido; fieras frías, habitadas incesantemente por el esplendor metálico del olvido de lo que alguna vez fuimos: densa luz, y continuo movimiento, y un eterno fulgor que desafía a la muerte.

„APOGRAPHON, OR THE BEASTS OF THE BLACKSMITH “

Sergio Márquez / Caracas, January 2016.

A cabinet of metallurgical taxidermy; a perplexed house-womb of satellites and mirrors; the ghostly ripple of an abyssal pond and its reflections. It is there, in those luminescent interstitial chambers, where KuZo’s metallic creatures nest their quicksilver psyche; in that effulgent, liminal strip that allows them to transmigrate between the sonorously silent sphere of the mechanical and that other, a spectral one, inherent to the lightning of its own scintillation. It is strictly in that specular „demi-monde“ where the metal animals of KuZo dwell: buoyant and steely, projecting their subtle reverberation in those who observe them, to avoid thus dying emulsified in their own brilliance. This is a mercurial, ethereal and ungraspable fauna, carrier of vertigo in its viscus, organisms that are now surface, then chromed marrow and a second later, gleaming surface again. Entities where matter and emptiness are the same seraphic contraption, and differ only in their superlative degree of molecular acceleration; this singularity places them in the realm of the hermetic and grants them talismanic attributes related to the inner journey, the electromagnetic conductivity and the inter-dimensional geometry of the vision. Manta rays, Porcupines, Butterflies. Each one of these slight beasts bristles and undulates rhythmically and at the same time without compassion; they are oracles that lie in each reflection, polytropes without space or time, spirit and form manifested in the heaving movement of their shavings. The KuZo organisms are susceptible of being tolled in a disembodied way (through the tentacles of desire), generating polished resonances only audible during reverie, or sordid howls of emery wheels, consubstantial with the primordial nature of anguish. Superconductors of the „cold spark“, they are equally useful in the infra-diaphragmatic divinatory rites of electrical necromancy. Radiant animals that are semiotic glyphs, endowed in underwater forges with a galvanized physio-morphism; each sculpture operates in the works of the arcane crisopeya as an individual athanor for transmutation, letting intuit in its dermis the circulation of glassy oils, and of the „dry water that does not wet the hands“, loaded with splinters of steel and antimony. They coagulate, from their nickel-plated body, hyperbolas in revolution (their magnetic asymptotes in clear contempt), forging parabolic arches from the infinite eccentricity of their foci. KuZo’s animals are the iridescent teeth of a mineral God, powerfully new and ominously ancient, that tears apart with each flash the unarmed body of the solid; cold beasts, incessantly inhabited by the metallic splendor of the oblivion of what we once were: dense light, and continuous movement, and an eternal glow that defies death.

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